viernes, noviembre 25, 2011

Esquina inferior del cuadro, Miguel A. Zapata

Menoscuarto, Palencia, 2011. 160 pp. 14,50 €

Ignacio Sanz

¿Cuántas realidades caben dentro de la realidad? O, dicho de otro modo, ¿qué oscuros misterios se esconden detrás de ese tipo de apariencia normal, que viste de manera convencional al que si nos dirigimos para que nos oriente por la situación de una calle y nos responde con un resoplido o nos dice que a él qué le importa, que acaba de llegar de las Batuecas y allá te pierdas tú, estúpido transeúnte desmañado?
Miguel A. Zapata indaga sobre esos tipos aparentemente normales con los que nos cruzamos cada día en la calle. Pero esos tipos somos nosotros mismos, el ser misterioso y oculto que a veces hace cosas que extrañan al ciudadano convencional que también somos. Es decir, hurga en una realidad poco visible, casi oculta, que emerge solo de cuando en cuando, una realidad que apenas tiene presencia normalizada, pero que está ahí, latente, por más que tratemos de esconderla.
Esquina inferior del cuadro, título de uno de los cuentos, alude precisamente a esa zona de misterio en la que mi amigo, el pintor Ángel Cristóbal, retratista cabal de bodegones, suele explayarse con pinceladas o atmósferas abstractas. Porque siente fascinación por la pintura abstracta, pero él es realista a ultranza. Esa dicotomía entre la realidad y el deseo, entre la apariencia y lo que se esconde detrás, las oscuras realidades, los sueños ocultos, es la materia que alimenta los once relatos de este libro, dividido en tres apartados.
Los cuentos, como puede sospechar el lector, son a menudo desasosegantes. A veces uno siente como si le restregaran un manojo de ortigas por el estómago. Qué barbaridad. “En flor”, el primero y el más largo, tiene como protagonista a un extraño primo del narrador. Y es curioso, porque ese primo nos resulta familiar. No precisamente como primo, pero sí como vecino o como aquel compañero extraño a quien conocimos en el colegio y que luego perdimos de vista. En esos tipos insólitos fija Zapata su mirada y nos los trae a primera línea y descubre, para nuestro horror, que a veces nosotros mismos escondemos alguna rareza propia de aquel primo extraño.
En “Inventario de tedios” las protagonistas son dos mujeres solteras, casi místicas, que subliman su soledad como hacían tantas monjas en los conventos y esa sublimación las arrastra por un tobogán de pasiones.
Es fácil invocar a Kafka por la afinidad del mundo monstruoso que se retrata con apariencia de cotidianidad. También se podría invocar a Poe. Pero leyendo estos cuentos, acaso por el estilo neutro y objetivista, me he acordado del Martín Santos de Tiempo de silencio. Porque si algo destaca es este libro es el estilo poderoso, el absoluto dominio del lenguaje, la capacidad para crear ambientes intranquilizantes.
En definitiva, estamos ante un maestro del cuento del horror, aunque en este caso, el horror no aparece necesariamente en paisajes siniestros, sino en escenario normales; casas de vecinos o casas de campo en principio nada sospechosas que dan cobijo a estas historias inquietantes porque , aunque hablan de seres extraños, a veces espeluznantes. Sobre todo porque , aunque hablen de otros, no dejan de hablar también de una parte oculta de nosotros mismos.

jueves, noviembre 24, 2011

La mano invisible, Isaac Rosa

Seix Barral, Barcelona, 2011. 384 pp. 19,50 €

Salvador Gutiérrez Solís

Más allá de la prima de riesgo, de los mercados, de los valores bursátiles, de las agencias de calificación, del Dow Jones y del IBEX 35; más allá de los rescates, de la recesión, de la crisis, de los paraísos fiscales, de los activos tóxicos y de los mercados. Y no más allá, no, por encima de ellos, está el trabajo, el empleo, que sí es una cuestión que nos afecta a la mayoría, de un modo u otro. En este caso concreto, prefiero definirlo como “empleo”, al que se le suponen una serie de derechos, de retribuciones, aunque sean escasas, mientras que el “trabajo” no tiene semejantes connotaciones. Y de esta clara diferencia pueden dar fe millones de mujeres, especialmente, de las pasadas generaciones, que trabajaron mucho y que no contaron con ningún tipo de reconocimiento a lo largo de sus vidas, empezando por el de sus propias familias.
Hablemos de empleo, incluso de trabajo, para acercarnos a La mano invisible, la nueva novela de Isaac Rosa. Un texto capitalizado (menuda palabreja en este contexto) por un tema tan injustamente tratado por la Literatura como por las diferentes expresiones artísticas, así como por buena parte de la sociedad. Mucho más, si tenemos en cuenta que Rosa no se acerca al mundo del empleo (y hasta del trabajo) desde una perspectiva ensayística o meramente numerativa. No. Rosa nos abre de par en par las entrañas del llamado mercado laboral. La vida invisible nos presenta, se cuela en la piel, del obrero, del currante, del currito, con sus carencias, con sus pretensiones y, sobre todo, con la realidad con la que convive cada día. Y que no es, desgraciadamente, una realidad grata en infinidad de ocasiones.
Descubrí a Isaac Rosa, supongo que como la mayoría, con El vano ayer, una obra tan divertida como sincera y transparente, aunque debo de reconocer que mi fascinación por su escritura no llegó hasta El país del miedo, una de las novelas más intensas y atractivas de los últimos tiempos. Una novela en la que es fácil reconocerse y hasta autorecriminarse, y que nos mostraba a un autor que tiene una percepción milimétrica de la realidad, del verdadero día a día, de nuestras miserias y miedos. Vuelve Isaac a recobrar ese pulso, esa visión microscópica de las cosas en La mano invisible. Y no sólo sorprende por su capacidad de curiosidad, también por la de literaturizar un tema que supuestamente nunca ha formado parte del decorado habitual de la Literatura.
Y como anteriores obras, Isaac Rosa avanza en su proceso evolutivo, en su compromiso con la novela y con la Literatura, en desplegar un sinfín de técnicas y procesos narrativos que nos muestran un autor de una capacidad y caudal cuyo borde aún queda muy lejos. Seguiremos disfrutando de Isaac Rosa y seguiremos los lectores y la Literatura disfrutando de sus nuevas entregas.

miércoles, noviembre 23, 2011

La mujer de tu prójimo, Gay Talese

Trad. Marcelo Covián. Debate, Barcelona, 2011. 538 pp. 24,90 €

Guillermo Ruiz Villagordo

Es de sobra conocido cómo la publicación de A sangre fría de Truman Capote marcó un antes y un después en la narración de hechos reales, al proporcionarle un trato artístico equiparable al que se dispensaba a la ficción. A los escritores inmersos en el espíritu renovador de la contracultura norteamericana que adoptaron este nuevo enfoque en sus intervenciones periodísticas, que cuenta con nombres imprescindibles como Tom Wolfe, Terry Southern, Norman Mailer y Hunter S. Thompson, se les englobó en lo que se dio en llamar 'nuevo periodismo', que se convertiría en una exitosa corriente bajo cuya etiqueta nacieron obras señeras como Miedo y asco en Las Vegas y Elegidos para la gloria. Nada sabíamos por aquí sin embargo de una importante figura de este movimiento, muy conocida por el contrario en su país de origen, el dandy Gay Talese, quien curiosamente sea el más periodista de todos en el sentido clásico del término. Este desconocimiento de la obra de Talese en el panorama editorial español ha sido solventado en pocos meses de golpe y porrazo con la publicación de tres volúmenes: Honrarás a tu padre (reseñada anteriormente en este mismo blog), donde se introduce en las interioridades de la mafia; Retratos y encuentros, recopilación de esas semblanzas que constituyen el género en el que más cómodo se siente por su habilidad para penetrar limpiamente en la psicología de sus protagonistas; y este La mujer de tu prójimo.
Talese adquirió una merecida fama por el reportaje Frank Sinatra está resfriado, cuyo proceso compositivo nos dice mucho sobre nuestro escritor: surgido como encargo de la revista Esquire, que quería un perfil de Sinatra, al no obtener el permiso del cantante para ser entrevistado Talese le presenta a distancia, visto desde lejos, como mito adorado no exento de vulgaridades, acodado en la barra de un bar mientras es rodeado por una plétora de mujeres, fans y representantes. Aún hoy se considera uno de los mejores retratos periodísticos del siglo XX, por su ironía y perspicaz observación.
En La mujer de tu prójimo, si ya de por si el tema resulta tan fascinante como seguir los distintos vaivenes que ha experimentado la relación de la sociedad estadounidense con el sexo a través de su historia, éste se ve fortalecido con el juego narrativo que utiliza, similar a las cajas chinas, de manera que cada capítulo se centra en un personaje con un papel bien definido en la evolución del pensamiento y la moral americanos (ya sea ofreciendo nuevas perspectivas o castrándolas) al tiempo que sirve como punto de referencia para engarzar con el siguiente capítulo, que presenta a su vez a un nuevo protagonista, pasando el conjunto a conformar un rico mosaico en el que hemos podido ser conscientes de la relación entre sí de las diversas teselas. De esta manera, Talese hace desfilar a lectores de revistas ligeras, modelos fotográficas sin pudor, visionarios fundadores de imperios del erotismo, distribuidores de libros prohibidos, amantes del sexo liberal, censores autoerigidos como defensores de la moral puritana, incluso se incluye a sí mismo, lo que aporta una riqueza poco frecuente en este tipo de textos, que tienden a aplicar una óptica parcial al tener decididas sus preferencias de antemano. Por otra parte, no sólo se nos mencionan hechos de relevancia pública más o menos fácilmente verificables mediante notas de prensa o biografías al uso, sino que nos sumerge en sus anhelos, sus pasiones, sus temores, permitiéndonos entender la deriva personal de cada uno de ellos y, consecuentemente, la paulatina evolución de una sociedad de mentalidad cerrada a otra bipolar tan orgullosa de enarbolar la libertad de expresión como principal seña de identidad nacional como escandalizada por los escarceos amorosos de sus presidentes.
Durante la lectura se hace patente la impresionante labor de investigación, las arduas y por fuerza incisivas entrevistas que debió llevar a cabo, puesto que no sólo desgrana con suma habilidad y concisión los principales hechos de sus vidas desde su infancia hasta los momentos que le sirven como puntos de partida para su narración, sino que hace un pormenorizado retrato del ambiente histórico en el que tuvieron que desenvolverse y de aquellos que les rodearon y tuvieron alguna importancia en su recorrido vital, fuese a través de un contacto directo o indirecto. La impresión final es la de haber disfrutado de una borrachera de periodismo de alta graduación destilado con una elegancia y profesionalidad difícil de igualar.

martes, noviembre 22, 2011

Papi, Rita Indiana

Editorial Periférica, Cáceres, 2011. 220 pp. 18,50 €

Lorena Bou Linhares *
Firma invitada

En El regreso del hijo pródigo de André Gide, el padre pregunta con insistencia «¿qué es lo que te ha hecho volver?». Y la respuesta del hijo alude a la resignación: «No sé. Tal vez la pereza». Pero aunque el volver se lleve a cabo por conformismo, por arrepentimiento o incluso por vanidad, el elemento que completa la posibilidad del regreso es la figura de quien espera. En Papi, de la escritora dominicana Rita Indiana, quien aguarda el regreso es la hija, porque quien se va es papi, un papi que adquiere dimensiones colosales a medida que aumenta su lejanía. Como dice la canción de Héctor Lavoe, ante la ausencia, ella lo sigue esperando, y lo hace en un mundo que, según la novela, se divide en tres áreas: la calle, la casa y lo otro.

La calle
«Papi es como Jason, el de Viernes trece. O como Freddy Krueger. Más como Jason que como Freddy Krueger. Cuando uno menos lo espera se aparece.» Así comienza la novela, con la clara intención de vincular el regreso de papi con una película de terror. Pero más allá del miedo, y de las ganas de que el miedo pase, lo que abundan son las sospechas de la hija. Si papi está por venir, como todos dicen; si papi está a la vuelta de la esquina, como todos aseguran, una sola imagen basta para entender la postura de la hija: «Trato de imaginarme en qué parte de ‘al doblar de la esquina’ está papi y cómo es esta esquina y cómo hay que hacer para doblarla». Un reconocimiento de que la ausencia es ya un hecho y no una inminencia.
En la larga relación con papi, tanto si está presente como si ya se ha ido, se proyectan los múltiples rostros de esa niña que narra, que fantasea, que sufre. Además de papi, que ocupa el centro de su vida, está mami, fiel compañera, y están los enemigos, los “montros” de la calle, a los que tiene que enfrentarse. Son las novias y los socios de papi, pero también los otros hijos de papi y los niños que van al mismo club o a la pista de skateboard, un espacio en el que el aspecto externo de la niña es motivo de conflicto: «¿Tú ere hembra o qué?», le preguntan con malicia. Y a ella le molesta porque nada le es indiferente, ni su familia ni las familias de papi ni su propio cuerpo.

La casa
Dos términos definen a papi: “Chulo #1” y “Master #1”. Se trata de las palabras inscritas en los delantales que papi usa cuando prepara el desayuno o las barbacoas. Esta condensación de significados a través de una simple etiqueta es apenas un guiño dentro de la novela. Conocemos a papi por medio de la mirada de la hija, pero en ese acercamiento no hay descripciones cerradas o estáticas, sino más bien una acumulación de atributos que terminan siendo inabarcables. «Papi tiene más de to», posee cantidad de cosas, todas en exceso.
En el imperio que papi gobierna predomina la superabundancia de dinero, mujeres, ropa, carros, metralletas, alcohol, perfumes, hijos, etcétera. Desde el punto de vista de una niña de ocho años, papi es el dueño del mundo. La imagen de lo que papi es y de todo lo que tiene se activa a través de la enumeración y la exageración, en un ritmo vertiginoso, al mejor estilo del merengue dominicano. A medida que avanza la lectura, papi se hace más fuerte y más poderoso, hasta rozar los límites de lo sobrenatural.
Pero ese papi mafioso del que la hija es testigo pertenece al recuerdo, porque la historia empieza cuando ya papi se ha ido de Santo Domingo. La novela narra la espera del regreso de papi, un tiempo que se prolonga y en el que la hija vive la transformación no sólo del entorno, sino de su cuerpo y sus deseos. En ese tránsito, el manejo del relato hiperbólico está siempre presente, pero adquiere dosis magistrales cuando la hija imagina el regreso triunfal de papi, en el que participa toda la ciudad, una masa anónima que posteriormente se verá ligada a papi hasta límites insospechados: «Y se organizan, se están organizando a ambos lados de la avenida bordeada de palmeras porque todos han tenido la misma idea, ir a tu encuentro, y se han preparado, pancartas en mano, banderolas, letreritos, cruza calles que dicen ¡guelcon guelcon!… y ahora se ve el avión descendiendo y las mujeres comienzan a caer en trance y a botar espuma por la boca…».
El continuo aplazamiento de la vuelta de papi recorre toda la novela y es el leitmotiv que permite entrever los sentimientos de la hija (en una espera larga y dolorosa), así como la presencia de mami (siempre ahí, hasta el final).

Lo otro: los misterios
Desde el capítulo nueve en adelante aparece un elemento que altera la realidad: los misterios. Dentro del libro es una entidad emparentada con los médiums; fuera del texto, me remite directamente al grupo de música que la escritora dominicana lidera, llamado Rita Indiana y Los Misterios. Así como recomiendo la lectura de Papi, les sugiero a quienes no lo han hecho que escuchen las canciones de esta banda. Hablar de Rita Indiana y desconocer su música es como haber leído Papi y no recordar la cantidad de referencias musicales que lo pueblan, sobre todo las grandes estrellas del merengue dominicano, desde Wilfrido Vargas y Fernandito Villalona hasta Belkis Concepción y Bonny Cepeda.

lunes, noviembre 21, 2011

Sueños de bolsillo, Francesco Spinoglio

Editorial Eutelequia, Madrid, 2011. 192 pp. 15,50 €

Miguel Baquero

«Lo más aterrador para mí era la idea de ser alguien anodino, asumir que había venido al mundo para ser uno más de la multitud, un tío normal y corriente que no sobresaliera por su talento ni por su inteligencia, un monigote sin la menor marca de individualidad».
Este de arriba, en líneas generales, es el argumento de Sueños de bolsillo, la tercera novela del italiano Francesco Spinoglio (Casale Monferrato, 1983) un escritor que escribe en castellano y que en esta novela nos narra los esfuerzos de su protagonista, Tommaso Rosi, por huir del conformismo, de la inercia del paso de los días, por no rendirse a la comodidad. Ese es, al fin y al cabo, el motivo último de la literatura: nombrar el mundo de nuevo, no contentarse con lo que ya está dicho, pensar que el próximo libro —escrito o leído— puede esconder algo crucial.
Sueños de bolsillo empieza con los días de infancia del protagonista —alter-ego del autor— y acaba con su decisión de mudarse a España contra todos los consejos e incluso contra todo lo razonable e intentar hacerse una carrera de escritor. Poco importa desvelar aquí el final porque no se trata de seguir un argumento sorpresivo sino de trazar una crónica vital: una crónica muy divertida, y contada con su pizca de cinismo, que nos ilustra sobre cómo no debemos renunciar a nuestras ilusiones, a nuestras fantasías, a nuestros sueños por el simple hecho —que no tiene mayor mérito— de hacernos mayores. Cualquiera se convierte en adulto, efectivamente, a poco que se deje llevar por la inercia de los años; pero sólo unos pocos, entre los que quiere estar Tomasso, sólo aquellos que han firmado una especie de pacto con Mefistófeles, son capaces de mantener el entusiasmo y las ganas de ser deslumbrados por la vida, como cuando eran niños, durante mucho tiempo.
Como todo libro vital —o mejor: como todo buen libro vital—, Sueños de bolsillo se alimenta de las contrariedades que el protagonista va encontrando a lo largo de su desarrollo como persona. Volviendo la vista atrás desde la última página, todo a lo largo de este libro parecería una cadena de fracasos, y sin embargo quizás radica en eso la verdadera esperanza y el auténtico optimismo, en pensar que todo ha sido valido, todo ha tenido un sentido y todo nos ha ayudado a crecer —principalmente las experiencias menos gratas y las desilusiones más bruscas—. Y dentro de este periplo, juega un papel fundamental —al menos en el caso de Tommaso Rosi, pero seguro que cualquier buen lector puede sentirse identificado—, la literatura. Son, sin duda, las páginas más emotivas de Sueños de bolsillo aquéllas en que el protagonista, recién salido de la infancia, abre los libros prácticamente al azar y aquí y allá encuentra en sus páginas personas que hace decenas, cientos y hasta miles de años pensaron igual que él, sintieron parecidas inquietudes y sufrieron la misma claustrofobia vital. Para el protagonista —y aquí estoy seguro de que se producirá otra identificación entre lector y autor— descubrir la literatura y leer a los mejores autores no supone una salvación, ni un éxtasis, como igual dirían muchos superventas exagerados; se trata simplemente de haber hallado un cómplice en nuestro recorrido que no nos puede mostrar el camino, pero sí nos puede animar a seguir en él, cualquiera que sea.